Miguel Martínez, reconocido por Tim Atkin en su informe anual sobre Rioja 2018 como enólogo del año, es un joven elaborador artesanal, fiel a la filosofía ecológica y biodinámica. Miguel defiende una visión etnográfica de sus vinos lo que le ha llevado a investigar y recuperar variedades autóctonas de Rioja y elaboraciones tradicionales como el supurado.
Sus viñedos están repartidos en distintas parcelas de la sierra de Moncalvillo y en las inmediaciones de Sojuela, todas ellas a altitudes entre los 500 y los 800 metros. Además del tempranillo y la garnacha tinta, cultiva la maturana tinta y la mazuelo, la garnacha blanca y el tempranillo blanco. Las elaboraciones son diversas buscando siempre la singularidad de cada viñedo y cada variedad.

Háblanos de Sojuela y de los inicios de Ojuel Wines.

Sojuela se encuentra a 10km de Logroño y es una zona en la que se mantiene mucho el minifundio. En las casi 10 hectáreas que trabajaban mis abuelos hoy tengo 39 parcelas. Mi padre las ha mantenido y trabajado durante todos estos años, pero el vivía en la ciudad, lo hacía un poco por romanticismo y por tener una segunda fuente de ingresos, no dedico su vida profesional a la viña. Yo comencé ayudando a mi familia y siempre escuche historias sobre tradiciones de la zona, como la elaboración del supurado, un vino cuya elaboración casi se había perdido. La historia de este vino y el intentar recuperarlo fue un poco el inicio de todo hace ya 6 años.

¿Qué es el supurado y dónde nace tu interés por este vino?

El supurado es un vino dulce elaborado con uvas pasas. Se elaboraba para la familia y era habitual en muchos pueblos. Era un alimento más en una economía de subsistencia en la que las familias vivían un poco de las cosechas y sus animales. Las uvas se colgaban en los techos de las casas, se pasificaban y se elaboraba un vino. En todos los pueblos se repetía este vino que incluso estaba asociado con momentos importantes de la vida como el guardar una botella en el año del nacimiento de una hija y abrirlo el día de su boda.  Me pareció que un vino así no se podía perder y eso me llevo a elaborar mis propios vinos y a cuidar de mi propia explotación con el objetivo de vivir dignamente de ellos.

¿Y hoy en día no sólo elaboras supurado?

Si el hacerme cargo del viñedo me llevo a elaborar distintos vinos además del supurado. Algunos más tradicionales y más parecidos a lo que se ha hecho siempre en Rioja y otros mas freaks y más encuadrados dentro del mundo de los vinos naturales. Yo siempre he trabajado en ecológico y he buscado la pureza.

Muestras un interés muy profundo por el sentido y el origen sociológico de los vinos, ¿es algo realmente importante para ti?

Si para mí es muy importante. Ahora estoy tirando de hemeroteca buscando los agricultores que han pasado por cada una de mis parcelas, creo que a parte del suelo, las variedades, el clima…creo que lo más importante es el agricultor. Quiero que todas mis parcelas tengan el nombre de quien ha pasado por allí. Y en el caso del supurado realmente hice una investigación, me dediqué a entrevistar a personas mayores de distintos pueblos hasta recomponer el proceso de elaboración de este vino.

¿Qué esperas que sienta la gente cuando bebe alguno de tus vinos?

¿Qué piensa un escritor cuando escribe una novela? A mi lo que me gustaría es que la gente los disfrute. Al final hacer vino es como ser un artista porque los vinos son como obras de arte que se pueden degustar. Aunque creo que los que hacemos vino debemos ser actores secundarios, creo que hay que dejarse de personalismos, los agricultores siempre hemos sido gente humilde. ¿Qué agricultor hay famoso en la historia de la humanidad? Creo que lo importante del mundo del vino no es quien hace el vino y lo bonito es que al final haya alguien que lo disfrute y que se acuerden de ti y eso haga que tu puedas seguir haciendo vino porque hay alguien siempre dispuesto a disfrutarlo.

¿Cómo ves el futuro?

Mis vinos a día de hoy son una ilusión. La ilusión de poder vivir de este proyecto. Es mi trabajo, es algo muy pasional y creo que aún tengo mucho que aprender. Cuando empecé decidí llamar a mis vinos Ojuel como Sojuela, mi pueblo. Podía haberlos llamado Miguel Martínez porque ahora está muy de moda ser «vigneron» pero yo no concibo ser viticultor y no ser humilde.  Siempre he creído que lo importante es el origen.

¿Entonces te defines como viticultor?

Si viticultor.  Aunque creo que es una palabra que está muy de moda. ¿Cuánta gente es realmente viticultora? Para mí es es mi trabajo y es una forma de vida. El viticultor siempre es gente sencilla que abre las puertas de su casa y de su huerta y te ofrece lo que tiene. Creo que ese es el espíritu real de un viticultor.

Irene Guede Arboniés
La Chica de la Garnacha

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