Bruno Murciano es subcampeón de jóvenes Sumilleres en Francia en 2002, mejor Sumiller de España 2008, medalla de Plata en el Internacional 2009 y Sumiller de Sumilleres 2010. Pero además de todo ello es uno de los mayores defensores de la uva bobal de nuestro país. Una uva que no sólo defiende sino que cultiva y elabora dentro de una trayectoria vinícola ecléctica que hace de él uno de los ponentes más versátiles e interesantes que hemos tenido la suerte de escuchar.

¿Cuál es tu primer recuerdo respecto al vino?

Yo siempre he contado que me acuerdo mucho cuando tenía 4 o 5 años y volvía en invierno a casa. Fuera hacía como 0 grados y llegábamos a casa muertos de frío. Mi madre nos hacía una rebanada de pan en la estufa de leña y le ponía vino tinto y azúcar y nos sentaba a mí y a mi hermano a ver Barrio Sésamo.

 ¿Tu familia se dedicaba al vino?

No. Mis padres tenían un bar en un pueblo del interior de Valencia, Caudete de las Fuentes, en la zonas de Utiel-Requena, en pleno corazón de la bobal. Una zona agrícola y muy rústica dónde el 90% de la población vive del viñedo y dónde tradicionalmente ha habido mucha cooperativa. Yo y mis hermanos nos criamos en el bar y después de tantos años en contacto con la gente y sirviendo de todo decidí dedicarme a la hostelería. Fui el típico adolescente de los 90 que defraudó a sus padres, ellos hubieran preferido que fuera arquitecto o médico pero al final me gradué en la escuela de hostelería de Castellón Costa de Azahar.

¿Pero hasta entonces el vino no era la gran motivación de tu vida?

En el último año de mis estudios, en 1999, hicimos un intercambio con una escuela francesa y allí, en Francia, vi como se hablaba del vino, como se trataba la cultura del vino y la importancia que tenía en la gastronomía y ahí pensé que tenía mucho que aprender. Así que hasta los 17 años el vino era una cosa más, si bien es cierto que lo había vivido muy de cerca porque había visto la vendimia desde la infancia, el olor de los mostos fermentados, los viticultores que se reunían en el bar…

 

¿Al final te quedaste en Francia o volviste?

Tras el intercambio tenía claro que quería ser sumiller y decidí intentarlo en Francia porque allí había más opciones de formación. Lo intenté en Toulouse pero me faltaba sobre todo conocimiento del idioma. Me acuerdo que la rectora me dijo que no tenía muchas probabilidades de entrar pero yo le dije que lo que me importaba no era sacarme un diploma, un papel…que de verdad quería aprender sobre vino y evidentemente un idioma. Al final me saqué el título y comencé a trabajar como sumiller y acabé en Paris.

¿Y qué tal en Paris?

No tenía mucho tiempo. Trabajaba mucho y cuando llevaba ya 3 años en Francia hablando con mi jefe pensé que lo que me faltaba un poco era el inglés así que de ahí me fui a Oxford. Y desde 2003 hasta ahora, llevo 15 años en Reino Unido.

¿Estás viviendo entonces allí?

Los últimos 3 años entre España e Inglaterra. Comparto mi tiempo entre mi proyecto de Inglaterra como embajador de vinos españoles y mis vinos aquí en España.

Y bajo tu experiencia internacional, ¿qué diferencias notas entre los consumidores de Francia o Inglaterra y uno de aquí?

En Francia la gente tiene un conocimiento amplio de vinos, sobre todo de las diferentes zonas geográficas. En Inglaterra tienen un gran acceso a diferentes vinos de todo el mundo y aunque hay clientes que no se salen de un estilo o ciertas zonas hay mucha gente dispuesta a probar cosas diferentes. En España pues ya sabemos el problema que hay. El consumidor tiende a consumir vino local o de las DO más conocidas, Rioja, Ribera, Rueda…y eso deja fuera a sesenta y pico denominaciones. Las garnachas de Madrid, la bobal de Valencia, la monastrell de Murcia o un moscatel de Málaga…a no ser que haya un sumiller con conocimiento y carisma que sugiera alternativas como estas la gente seguirá yendo al sota, caballo y rey.

¿Por qué crees que pasa esto? Es un problema de falta de prescriptores, de mentalidad en nuestro país…

Falta formación. Para empezar muchos niños no van al campo, no conocen qué es una viña, no han probado un mosto…Así que hay un problema cultural, hay zonas de producción muy diversas pero se ha perdido el origen de las cosas. Los niños deberían ir a una vendimia y luego tener un recuerdo de todo eso. Porque ahora los adolescentes se tiran al refresco y a bebidas comerciales, y cuando son jóvenes perciben el vino como algo caro y que nunca ha formado parte de su cultura. Y desde luego hay muy pocos prescriptores y gente en hostelería con vocación. Un camarero normalmente tiene horarios muy sacrificados, le falta formación y está mal remunerado.

Y ahora centrándonos en los vinos mediterráneos y sobre todo en la bobal. ¿Si esta variedad fuera una persona como la describirías?

La bobal es la típica persona que pasa desapercibida de joven porque no es la más guapa ni la más exuberante y cuando crece pasa a convertirse en alguien muy bello y con mucho encanto.

¿Entonces un vino joven de bobal no es tan interesante?

No, no es que no lo sea. Es que no se le ha dado la oportunidad. Tradicionalmente las coopeativas vendían su uva bobal para enriquecer los vinos de otras zonas. De hecho en los años 80, 90 se intentó fomentar que el viticultor plantara lo que se llamaban variedades mejorantes. Yo me acuerdo en el año 2000, que yo ya trabajaba como sumiller, como algunas personas de la Generalitat Valenciana vinieron al consejo regulador de Utiel-Requena para explicar a los viticultores de la zona que iban a tener ayudas si plantaban este tipo de variedades, merlot, cabernet, syrah…Y yo estaba estudiando en Francia y levanté la mano y les pregunté –  “Yo sé que nuestros vinos se van para enriquecer otros vinos en Rioja, en Francia, en Italia, ¿cómo es posible que nos compren nuestros vinos para mejorar lo que ellos hacen y que nosotros tengamos que plantar aquí sus variedades?”- No tenía ningún sentido. Y más en una zona dónde ya se ha demostrado más de 3000 años de historia de la viticultura. Al lado de mi pueblo hay un poblado ibero donde hay restos de utensilios de elaboración de vino y se ve perfectamente en la piedra caliza como cavaban para prensar la uva, cómo decantaban  y cómo llenaban las ánforas.

¿Entonces se ha ignorado todo esto?

Digamos que el gran problema que ha tenido la bobal es que no se le ha dedicado tiempo, atención, no se han hecho suficientes estudios de clones, de suelos…Y la gente siempre me ha dicho pues si tan convencido estás de que hay potencial ¿por qué no haces tú el vino?

Y un día te planteaste elaborar…

En el año 2009 me concedieron un préstamo en Londres para comprarme una casa pero al final convencí al banco y en vez de invertir en un piso compré un viñedo. Un viñedo de 6 hectáreas en una ladera formada por 3 terrazas, con viñas de más de 80 años, 100% bobal. Y así es como nació La Malkerida, haciendo honor a que nadie había querido realmente a la bobal. Después mi hermano mediano, que había estudiado enología y viticultura, se unió al proyecto y a día de hoy tenemos una gama de vinos de familia.

¿Cómo encontraste ese viñedo inicial para La Malkerida?

Ese viñedo pertenecía a un viticultor muy mayor que quería retirarse, el señor Emilio. Y en los pueblos, y en el bar sobre todo, uno sabe quién es buen viticultor y quién entra buena uva en la cooperativa. Y yo cada vez que venía de Londres veía como cada vez más, en Utiel-Requena, se estaba arrancando viñedo viejo de bobal. Se han arrancado más de dos tercios de todo el viñedo histórico. Así que Emilio que tenía prestigio como viticultor y se tomaba su carajillo en el bar de mis padres tenía este viñedo y yo lo compré.

¿Ves el futuro de la bobal esperanzador? ¿Crees que hay o habrá un cambio?

Sí sí, totalmente. Cada vez hay más gente joven formada que están volviendo e incluso familias de fuera que están apostando por la zona. A día de hoy hay más de 100 bodegas, de proyectos en la zona. Al final hay gente que está volviendo porque quiere demostrar el potencial de la zona y también hay bodegas históricas que vendían granel que se han dado cuenta que tienen que apostar por el embotellado de calidad. Todo esto es muy importante porque beneficia a la región, se crea empleo en la zona y la riqueza se queda aquí.

Y para finalizar más concretamente sobre tu proyecto… ¿cómo está actualmente?

Ahora mismo elaboramos 7 vinos. 4 tintos de bobal, un vino rosado y dos blancos de variedades valencianas, moscatel y macabeu. Desde La Malkerida hemos ido probando con diferentes elaboraciones, barricas etc…Y lo más importante que hemos hecho es un estudio geológico que nos permitió el año pasado sacar una trilogía, un vino de un suelo calcáreo, otro de un suelo arcilloso y otro de una viña prefiloxérica de suelo arenoso de 1906. Y en definitiva dónde más hemos aprendido es en viticultura. Llevamos 9 años haciendo un estudio de racimos y tenemos racimos que pueden pesar hasta 2,5 kilos, que es lo que se suele llevar de las cooperativas, y racimos de 300gr, 200gr, 150gr, que es lo que hacemos nosotros.

¿Es muy necesario todo este trabajo no?

Hay que intentar mentalizar que la calidad está en esto último, es decir en la viticultura, empezando desde la poda para controlar la producción. Hay dos mundos, si sigues en el mundo de las cooperativas evidentemente tienes que ir a por kilos, todo mecanizado etc… pero si no, tienes que apostar por viñedos viejos, trabajo manual y, o bien vender a bodegas familiares que pagan más o como nosotros elaborar tus propios vinos.

Irene Guede Arboniés
La Chica de la Garnacha

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